El recordado maestro Al Mc Kibbon y Justo Almario en el Barranquijazz 2000

 

                   

 LA  HERENCIA  MUSICAL DE  JUSTO  ALMARIO        

 

Por RAFAEL  BASSI  LABARRERA

Colaborador de Herencia Latina

Barranquilla - Colombia

 

 

En el año 1993 tuvimos la oportunidad de conocer a Justo Almario en el Festival de Jazz Bajo la Luna que se celebró durante los días 16,17 y 18 de diciembre en Cartagena. En esa ocasión el amigo Aroldo Rodríguez realizó un documental de televisión para la serie Trópicos de Telecaribe que sirvió para que los habitantes de la costa caribe colombiana conocieran a uno de los más importantes músicos colombianos de todos los tiempos.

Luego de eso Justo ha continuado regresando en repetidas ocasiones a Colombia y los seguidores de su música hemos tenido la oportunidad de conocerlo mucho más. Recordamos que la presentación de un grupo conformado por  jazzistas colombianos residentes en el exterior, el cual lideró Justo Almario en un histórico concierto en el Teatro Amira de la Rosa el jueves 7 de septiembre de 1995, fue la semilla que germinó dos años más tarde como el Festival Internacional  BarranquiJazz.  El jueves 7 de marzo de 1996 de paso para un homenaje que le brindaban en su natal Sincelejo, volvió a presentarse en el Teatro Amira de la Rosa, en un soberbio concierto acompañado por el pianista Otmaro Ruiz, el bajista John Peña, el baterista Walter Rodríguez y el trombonista Arturo Velazco.

 

Lógicamente, Justo Almario estuvo en la primera versión de Barranquijazz en el año 1997 en compañía del pianista Edy Martinez y el trompetista puertorriqueño Luis Perico Ortiz recordando los días en que hicieron parte de la banda de Mongo Santamaría. Para el año 2000, los organizadores del festival Barranquijazz decidieron realizar un reconocimiento formal al prestigioso embajador musical de Colombia, que para la ocasión vino acompañado por importantes músicos residentes en Los Ángeles entre los cuales se encontraban legendarias figuras del jazz como el bajista Al McKibbon y el conguero Francisco Aguabella, completaban la nómina el veterano pianista Phil Wright, el timbalero chicano Ramón Banda y el joven trombonista Isaac Smith. Fue un  justo y positivo homenaje a quien honores se merece,  en esa tercer noche del Barranquijazz 2004 en el Salón Jumbo del Country Club, la vice-ministra barranquillera Katia González entregó la distinción otorgada por el Ministerio Nacional de Cultura.

 

 

 

 

 Justo Almario  y Luis "Perico" Ortíz.  En el Baranquijazz 1997

 

En mayo de 2003,  Justo Almario se presentó en compañía de la orquesta Kalamary Big Band en tres conciertos en Cartagena y Sincelejo.

 

Más recientemente en Barranquijazz 2006, Justo Almario actuó junto a su hermano musical el percusionista peruano Alex Acuña, el bajista cubano Carlitos del  Puerto y el pianista bogotano Héctor Martignon. En una amena e informal conversación nos contó que el primer disco de jazz que escuchó en su vida lo escuchó en Barranquilla, cuando vivía con el Maestro Jorge Rafael Acosta, el  padre del gran saxofonista de la orquesta de Pacho Galán,  Alex Acosta El Muñecón,

 

 El Muñecón mandaba a traer discos de los EE UU y de vez en cuando le llegaban, porque era muy difícil en esos tiempos y recuerdo que una vez le llegó un disco de Cannonball Adderley, cuando escuche eso me alegre muchísimo. Se escuchaba el saxofón como a un pájaro al que le abrieron la jaula y sale  a volar libremente. Eso fue como en 1955 y que ahora tengamos en Barranquilla un festival de jazz y que su nombre sea Barranquijazz, eso es un regalo de Dios. La primera música de jazz la escuche aquí en Barranquilla.  Entonces estar aquí celebrando el décimo aniversario me produce un gran regocijo y me alegra muchísimo saber que ahora los jóvenes barranquilleros tienen un espacio para conocer el jazz. Esa importante labor que viene desarrollando la organización del festival, no solo presentando los conciertos, sino ofreciendo talleres, clínicas y brindando la oportunidad para que esos grupos de jóvenes participen en el festival, es una importante motivación que impulsa a los muchachos a prepararse para participar. Eso, antes no sucedía y me halagan ser parte de este proceso, haber hecho mi pequeño aporte y espero que dentro de 25 años me inviten nuevamente y vengan con mi bastoncito o en silla de rueda y el presentador diga aquí Justo Almario otra vez con nosotros en Barranquijazz.  En mi juventud no tuvimos esa oportunidad y nos toco emigrar a los Estados Unidos. Es difícil dejar la patria, es un sacrificio estar lejos de la tierra que uno quiere y añora. Ahora los niños y jóvenes tienen la oportunidad de conocer el jazz aquí  mismo.

 

 

 

 

 

Rafael Bassi Labarrera, el maestro Justo Amario y "Chila" Arevalo, esposa de Rafael Bassi.

 

 

 

 

Radicado desde 1982 en Los Ángeles, Justo Almario es considerado uno de los  pioneros de la fusión de la música colombiana con el jazz. Con alegría, recuerda sus pininos musicales

 

Me acuerdo de la orquesta de Pello Torres con los  hermanos Montes. Ellos venían a tocar a mi casa y desde ese momento se me pegaron las cosas melódicas que tocaban. Esos porros, esas cumbias se me quedaron impregnadas para siempre y eso es lo que le da el estilo a mi música.

  

Desde muy pequeño, Justo dio muestras de su amor por la música, motivo por el cual su padre el percusionista Licho Almario se preocupó por su formación artística

 

Mi padre me compró un flautín pequeño que le costó 40 centavos. A través de la amistad de mis padres con el Maestro Jorge Rafael Acosta es cuando comienza mi educación musical. Me trajeron a Barranquilla, a la casa del Maestro Acosta,  él se da cuenta que me encanta la música  y que  tengo cierta aptitud, entonces me empieza a dar clases, ejercicios para que practique y se esmera en que  estudie, que no pierda el tiempo. Me levantaba bien temprano y lo acompañaba a regar el jardín. Me hablaba de las flores, de los árboles y de todas esas cosas. Inclusive hacia analogías musicales con el jardín.  A los seis meses de estar con él, como tocaba con la banda departamental de Barranquilla,  me traía las partes del flautín y me las enseñaba. Me llevaba a los ensayos y me sentaba al lado de los músicos, tocaba con ellos y hacía solitos. La novedad de que era un pelao emocionaba a la gente.  Estuve con el Maestro Acosta como diez años. Después de su muerte, me trasladé a Medellín donde mis padres estaban residiendo. Allí continúe con mis estudios. Claro está que ya tenía la base de Sincelejo de escuchar a Pello Torres.

 

Justo nació en Sincelejo el 18 de febrero de 1949. Luego de vivir en la ciudad caribeña de Barranquilla, siguió su formación en Medellín, donde llegó a fundar a los 15 años el grupo Los Bachilleres del Rítmo y a los 16 estuvo en el famoso Combo Dilido, cuna de músicos que años más tarde liderarían el desarrollo sonoro en Colombia, como Francisco Zumaqué.    

 

Llegue  a Medellín y mi padre me inscribió en el Bellas Artes. Empiezo a estudiar con el gran Maestro Gabriel Uribe. Al mismo tiempo hago presentaciones con la Italian Jazz orquesta en que trabajaba mi Padre,  en los intermedios. Allí fue que me entró la atracción por la música americana. Ellos tocaban temas de Glen Miller, Artie Shaw….. y me gustaban todas esas melodías y los músicos me querían muchísimo. Se esmeraban en enseñarme y llegaba a la casa a practicar. A mi me encantaba el instrumento, podía pasar con mi instrumento todo el día.     

 

En el año 1965, Justo viajó por primera vez a los Estados Unidos haciendo parte de la orquesta Cumbia Colombia que iba a Miami a tocar varios conciertos.

 

 Tenía 16 añitos y me invitaron  a participar en una big band para varias presentaciones  en Miami.  Allí  estaba Joe Madrid,  que era un músico muy inquieto, un innovador. Ya para esos días él hacia unos arreglos estratosféricos, recuerdo un “Se va el Caimán” bien jazzeado. Un músico empírico, un gran genio. Fuimos a Miami, tocamos y nos fue bastante mal. Lo bueno de ese viaje es que a los músicos nos dieron las tarjetas de residencias, al caerse el proyecto muchos de los músicos se quedaron. Yo me regrese era muy joven. Pero siempre tenia la mira de estudiar jazz en los Estados Unidos.

 

Desde muy niño, sintió una atracción especial por los instrumentos de viento a los que asociaba con el canto de los pájaros. Justo se emociona al rememorar como se enamoro del saxo y como empezó a seguir seriamente la música de jazz.

 

 

 

 

Justo Almario firma una de sus fotografías, la cual se publicó en el libro:

"Latin Jazz The Perfect Combination", en la página122.

 

 

A mí siempre de pequeño me gustaron los instrumentos que veía. Pero me  llamaban mas la atención: la flauta, el clarinete, el saxofón porque primero que todo era un sonido agudo y sobretodo el flautín, aunque estuviera la trompeta tocando y los tambores sonando ese flautín resaltaba. Recuerdo que Alex Acosta importaba discos de  Charlie Parker y otros saxofonistas, en esos discos escuchabas el saxofón tocando como un pájaro, bien libre 

 

Complacido Justo reconoce que  tuvo la fortuna de encontrar en su camino al Maestro Antonio Maria Peñalosa y al igual que Nelson Pinedo evoca con mucho cariño y agradecimiento su estancia con la orquesta de Peñalosa.

 

Cuando conocí a Peñalosa eso fue lo máximo en mi vida. Eso fue después del paseo con la Cumbia Colombia por Miami. Peñalosa era un gran maestro, exigente, muy estricto,  no tenía la paciencia para la gente que no era seria con la música. Peña me llevo a tocar a San Andrés.  El grupo era bajo, piano, trompeta, batería y saxofón. En esos días se le dio por tocar todo de oído y él tocaba me miraba y tenia que estar ahí. Yo temblando porque si me equivocaba me ponía la trompeta en la cabeza. Eso fue tremenda escuela y Peñalosa me trato como un hijo. Me acuerdo que lo oía decirles cosas feísimas a los músicos,  creo que tuvo compasión conmigo.   Siempre me animo y me enseñó melodías como Beguin the beguin, Adiós…. Peña tocaba la trompeta con mucho sentimiento. Tocaba con un gran corazón, cuando tocaba era como si el cielo se abriera. Lastima que en el país, nunca se le dio el reconocimiento como trompetista. Fue uno de nuestros primeros jazzistas que podía improvisar como si fuera un norteamericano. Cuando conocía a Peñalosa  ya tenía como 50 años. El Maestro Peña me decía Justo, tú tienes que irte, estás joven, te gusta, tienes condiciones. Vete a los Estados Unidos.  .

      

Haciendo honor a su nombre, Justo es justo en el reconocimiento a sus mentores e inspiradores regionales.

 

Siempre tuve grandes maestros: Juan Rafael Acosta, Antonio María Peñalosa, Pello Torres en Sincelejo. Nadie se hace solo, Dios te da el talento, pero lo mejor es que te manda las personas que te sirve de inspiración y guía. Soy hijo biológico de Justo Velásquez , a través de esa genealogía Dios me bendijo para la música. Mi papa Licho Almario, tremendo músico, una bendición divina tenerlo como padre. En mi infancia y mi adolescencia,  la única diversión era la música en vivo. La luz llegaba dos horas por la noche y el agua había que buscarla en el pozo. Licho trabajaba con la orquesta Pello Torres y los Diablos del Ritmo. Me llevaba a los ensayos y me quedaba con la boca abierta  viéndolos tocar  y los otros niñitos me llamaban para ir a jugar a la chequita, prefería quedarme en el ensayo, tenía 4 o 5 años. Lo mismo me sucedió  cuando vivía en la casa del viejo Acosta, el Muñecón tocaba con Pacho Galán  y me llevaban a los ensayos. Allí me embelesaba viendo a todos esos maestro, ya Pacho tenia esas preciosas composiciones: Boquita Salá, Cosita Linda… ya tenia el merecumbé. Yo encantado escuchando a esos maestros. Recuerdo que hizo un merecumbé donde se destacaba Alex Acosta, merecumbé en saxofón, eso era como si fuera jazz. En esa época Pacho era el numero uno en Barranquilla.   El Café Almendra Tropical tenia unos afiches de publicidad en las tiendas y farmacias con Pacho tomando su pocillito de café.  Me contaba Alejo que cuando fueron a Bogotá recibieron a Pacho como un rey. Recuerdo que el viejo Pacho era una persona muy callada, introvertida, no hablaba mucho,  muy de su tierra, bien humilde.  Siempre le agradezco a Dios, por esa fortuna de haber encontrado el apoyo de esos músicos.  Estoy apoyado sobre los hombros de esos grandes maestros. Lo que estoy haciendo y lo que tengo que seguir haciendo está fundamentado en esos cimientos. Por eso le digo a los estudiantes que tienen que aprovechar la historia, investigando que hicieron nuestros grandes músicos, analizar su obra, saber que hicieron y entonces si adelantar la música que siga nunca atrasarla

 

La brillante carrera artística de Justo Almario es un ejemplo para nuestros jóvenes músicos. Al talento hay que unir pasión y disciplina para saber aprovechar las oportunidades cuando se presentan.  

 

Luego de la Cumbia Colombia y la pasantía en San Andrés con Peñalosa,   me fui a Miami. Allí conocí a un muchacho cubano y nos fuimos a San Antonio Texas. Entonces conocí a un señor mejicano que era profesor de música. El tenía un quinteto de jazz y me invitó a formar parte de su grupo. El ve en la revista Down Beat que están ofreciendo becas para estudiar en Boston. Me dice debes aplicar a ésto. Había que mandar una grabación y así lo hicimos él me acompañó en el piano. A los dos meses recibí la aceptación para ir por dos meses en el verano de 1969 a Berklee y me fuí a Boston. Más y más me acercaba a mi meta de estudiar la música de jazz. Llegue ansioso. A los dos meses de estar allí, se me presentó la oportunidad de hacer una suplencia en la orquesta de Duke Ellington. Luego de eso me ofrecieron una beca total. Eran 24 horas estudiando, pensando sólo en la música.

 

En 1971 cuando con todas las ganas del mundo se dedicaba a conocer los secretos del saxo en la prestigiosa Berklee School of Music, recibió una llamada de Mongo Santamaría, quien buscaba un saxo alto para una presentación en el Jazz Workshop Boston 71.

 

 Al año y medio de estar viviendo en Boston, recibo una llamada de un músico cubano que se llama Mongo Santamaría que venía a Boston y necesitaba un saxofonista. Me invita a trabajar con él esa noche. Eso fue a las 6 de la tarde y la  presentación era a  las 9 de la  noche. Yo asustado. Se suponía que iba  a tocar una sola noche, pero Mongo me pidió que me quedara toda la semana. Recuerdo que Edy Martínez era el pianista  del grupo. Como era verano me fui con Mongo a Nueva York  con el compromiso de regresar a Berklee, pero no regrese. Ahora el que esta estudiando en Berklee es mi hijo Max Almario, él regreso por mi, acaba de cumplir 18 años y toca batería. En Nueva York trabaje con muchas agrupaciones como  Machito, Ismael Rivera, además  viviendo en la ciudad donde residían Miles Davis, Sony Rolling, me la pasaban escuchándolos en los clubes nocturnos.

 

Con el conguero Mongo Santamaría grabó varios discos como director musical de su banda, llegando a presentarse en el famoso concierto de salsa del 24 de agosto de 1973 en el estadio de los Yankees de Nueva York. Vale la pena señalar que el pianista era el cartagenero Joe Madrid. Entre los álbumes que grabó Justo con Mongo Santamaría, encontramos: Fuego (1973); Live at Yankee Stadium (1974); Ubane (1976); Mongo, Mongo (1978);  Images (1980).

 

Estábamos en el Yankee Stadium  como buen costeño me gusta el béisbol y  me acordé del merecumbé a Nakamura. Fue un  concierto con las Estrellas de Fania que después usaron para una película.  De allí salió el disco Mongo Santamaría Live en el Yankee Stadium.  Dios es el mejor arreglista, siempre me puso con gente que eran buenas personas. Mongo me quería mucho y daba consejos. 

 

Luego de separarse de la banda de Mongo Santamaría, tocó con Freddie Hubbard, Willie Bobo, Charles Mingus, Machito y la cantante brasileña Tania María. Un dato valioso es que Justo asesoró a Mingus en la preparación del álbum Cumbia and Jazz Fusion.

 

 

 

 

Retrato de un grupo de amigos.

Rafael Bassi, Justo Almario y Armando Muñoz.

En casa de Rafael Bassi.

 

 

 

CONQUISTANDO  EL SALVAJE  OESTE

 

En 1982 Justo se trasladó a California y se unió a la banda Koinoia conformada entre otros por el bajista mexicano Abraham Laboriel y el baterista peruano Alex Acuña. La palabra Koinoia significa comunión, grupo de amigos afines espiritualmente, en este caso motivados por dejar fluir su cristianismo a través de la música. El grupo Koinoia grabó tres exitosos discos y realizó seis giras por Europa.    

 

Al disolverse esta propuesta artística, cada uno de sus integrantes se dedico a trabajar por su lado, pero siempre aparecían proyectos musicales que los unía directa o indirectamente por su afinidad espiritual y musical. Entre esos proyectos encontramos las producciones discográficas: Justo Almario-Forever Friends y Justo Almario & Abraham Laboriel  

 

Otro importante proyecto liderado por Justo Almario y Alex Acuña es el grupo Tolú, nombre que lógicamente  se refiere a la playa situada a 30 millas del  pueblo natal de Justo.  

 

Tolú es un lugar muy sabroso, donde mi mamá me llevaba a nadar y donde había mucha música tropical, mucho tambor. Me gustó el nombre porque es muy sonoro y fácil de pronunciar, pero también lo escogí en honor a la gente cariñosa y alegre de esa playa...En la época en que fundamos a Tolú, habían otros grupos latinos en Los Angeles, pero más orientados al baile o sea en la nota salsera. Tocaban nuestros ritmos, pero no se prestaban para improvisar en la onda del jazz.

 

La banda  Tolú es una deliciosa reunión panamericana que incluye músicos de origen colombiano, peruano, puertorriqueño, cubano, venezolano y norteamericano, organizada en 1983 con la  participación de los jóvenes músicos: Luis Conté, Oscar Cartaya, Humberto Ramírez, Michito Sánchez, John Peña, Joe Rotondi…quienes para esos tiempos se abrían caminos en el ambiente musical angelino. Al no ser concebido Tolú como un grupo estable, sino como una reunión de amigos dispuestos a gozar con la música, la trayectoria del grupo Tolú ha sido bastante irregular, debido a los compromisos individuales de sus integrantes, más en la actualidad cuando como solistas reconocidos ellos tienen muchos compromisos laborales, pero a pesar de esos inconvenientes la idea original del grupo Tolú de mezclar ritmos suramericanos con el jazz se ha mantenido viva durante veinte años y finalmente en 1998 grabaron su primer álbum titulado Rumbero ‘s Poetry para el sello Tonga.  Vale la pena destacar que el tema Giant Steps de  John Coltrane  que abre esta grabación se incluye en el disco compacto que acompaña al libro Latin Jazz La Combinación Perfecta editado por el Smithsonian Institution.

 

En su segundo trabajo discográfico titulado Bongó de Van Gogh, Justo y Alex vuelven a reunir a la crema nata de los músicos latinoamericanos que residen en Los Angeles: Luis Conte (congas, cajón); Harry Kim (trompeta fluge); Ricardo “Tiki” Pasillas (timbales y percusión menor); John Peña (bajo); Joe Rotondi (piano); Michito Sánchez (bongo y percusión mayor y menor) y Arturo Velasco (trombón), para demostrarle definitivamente al oyente, en 11 temas, lo que es “latin jazz”.

 

El disco compacto Bongó de Van Gogh es una impecable producción, mayormente instrumental, que estuvo nominado a los Premios Grammy Latino 2003 en la categoría de mejor álbum de jazz latino. Claro que este disco no se limita al latin jazz, sino que experimenta  con otras fusiones como la cumbia bahiana (Cancao do sal), el flamenco jazz  (El Madero, uno de los mejores cortes, con una inspirada participación especial del guitarrista peruano Ramón Stagnaro y los novedosos aportes de Acuña en el cajón peruano), la guaracha (Quítate de la vía, Perico, con la presencia del excelente cantante boricua Jerry Medina, y una festiva interpretación de Almario en la flauta), la salsa (Vine a bailar, composición propia cantada por la diva cubana Lucrecia) y el bolero, a través de una lograda versión de la inolvidable Historia de un amor de Carlos Almarán. (Sergio Burstein). Además de la sabrosísima composición de Justo Almario  que le da título al álbum.   En fin un disco para tener en cualquier discoteca que se respete.

 

Justo ha sido invitado a participar en las más recientes grabaciones del bajista cubano Israel López Cachao y se le puede ver en el video ¡Ahora si! producido por el actor Andy García, trabajo discográfico que le permitió al bajista Israel Cachao López volver a ganar el Premio Grammy 2005, recordemos que Justo también participó con su saxo tenor en el documental  Cachao …como su ritmo no hay dos (1993) cuya banda sonora Master Sessions, Volumen I ganó el Premio Grammy 1995.

 

Almario hace parte del tremendo trabuco musical californiano Jazz on the Latin Side All Stars que dirige José Rizo, precisamente en su más reciente álbum titulado The Last Bullfighter, el trombonista Francisco Torres le rinde homenaje al saxofonista colombiano con la composición Justo’s Trane Ride.

 

Justo Almario sigue siendo uno de los músicos más solicitados para grabaciones y grandes giras internacionales, acompañando a estrellas como Plácido Domingo, Luis Miguel y Jennifer López.  Además, ha aportado música para las bandas sonoras de muchas películas, como Dirty Dancing y Mambo Kings. Su lista de colaboraciones en grabaciones cristianas es interminable.

 

La espiritualidad que irradia la música de Justo Almario emociona y contagia a las personas que tienen la fortuna de asistir a sus conciertos. Instrumentista de elevado nivel técnico que toca con lujo de competencia: saxo soprano, saxo tenor, clarinete y flauta, talentoso arreglista y jacarandoso interprete, entiende claramente que la principal función de la música es brindar alegría.

 

DISCOGRAFIA MINIMA

 

Justo Almario – Forever Friendo                                        (Meadowlark Records-1985)

Justo Almario – Plumbine                                                (Meadowlark Records-1987)

Justo Almario & Abraham Laboriel                                    (Integrity Music -19    )

Justo Almario – Family time                                            (MCA Records – 1989)

Justo Almario – Heritage                                                ( Blue Moon – 1992

Justo Almario – Count me in                                           (Integrity Music -1995)

Justo Almario & Alex Acuña – Tolú -  Rumbero ‘s Poetry      (Tonga- 1998)

Justo Almario & Alex Acuña – Tolú -  Bongó de Van Gogh    (Tonga- 2002)

Justo Almario – Love thy neighbor                                    (Echo Music Products – 2004)

Justo Almario con el Cuarteto de

Saxofones de Bogotá                                                      (Cuarteto de Saxofones de Bogotá-2006)      

 


 

 

ENTREVISTA  BARRANQUIJAZZ 2006

 

El primer disco de jazz que escuche en mi vida lo escuche aquí en Barranquilla, cuando vivía con el Maestro Jorge Rafael Acosta, el  Padre de Alex Acosta El Muñecón, que era un gran saxofonista. El Muñecón mandaba a traer discos de los EE UU y de vez en cuando le llegaban, porque era muy difícil en esos tiempos y recuerdo que una vez le llego un disco de Cannonball Adderley, cuando escuche eso me alegre muchísimo, se escuchaba el saxofón como a un pájaro al que le abrieron la jaula y salía a volar libremente. Imaginate eso fue como en 1955 y que ahora tengamos en Barranquilla un festival de jazz y que su nombre sea Barranquijazz, eso es un regalo de Dios. La primera música de jazz la escuche aquí en Barranquilla.  Entonces estar aquí celebrando el décimo aniversario me produce un gran regocijo y me alegra muchísimo saber que ahora los jóvenes barranquilleros tienen un espacio para conocer el jazz. Esa importante labor que viene desarrollando la organización del festival, no solo presentando los conciertos, sino ofreciendo talleres, clínicas y brindando la oportunidad para que esos grupos de jóvenes participen en el festival, es una importante motivación que impulsa a los muchachos a prepararse para participar. Eso, antes no sucedía y me halagan ser parte de este proceso, haber hecho mi pequeño aporte y espero que dentro de 25 años me inviten nuevamente y vengan con mi bastoncito o en silla de rueda y el presentador diga aquí Justo Almario otra vez con nosotros en Barranquijazz.  En mi juventud no tuvimos esa oportunidad y nos toco emigrar a los Estados Unidos. Es difícil dejar la patria, es un sacrificio estar lejos de la tierra que uno quiere y añora. Ahora los niños y jóvenes tienen la oportunidad de conocer el jazz aquí  mismo.

 

En el año 1965 tenia 16 añitos y me invitaron  a participar en una big band que iba a viajar en Miami a tocar en varios conciertos. Entre a formar parte de ese proyecto. Allí           estaba Joe Madrid,  que era un músico muy inquieto, un innovador. Le hacia arreglos estratosféricos a “Se va el Caimán” bien jazzeados. Un músico empírico, un gran genio. Fuimos a Miami, tocamos y nos fue bastante mal. Lo bueno de ese viaje es que a los músicos nos dieron las tarjetas de residencias, al caerse el proyecto muchos de los músicos se quedaron. Yo me regrese era muy joven. Pero siempre tenia la mira de estudiar jazz en los Estados Unidos. Cumbia Colombia se llamaba la orquesta. Pase un toar de años acá en Colombia y me fui a Miami. Entonces conocí a un muchacho cubano, luego nos fuimos a San Antonio Texas y aplique a la Escuela Berklee, me aceptaron becado.

 

Me dieron  la beca para el curso de verano de 1969, como es época de vacaciones los estudiantes de planta y muchos profesores salen de paseo.  Entonces sucede que llega la orquesta de Duke Ellinghton  a hacer unos conciertos y su saxofonista se enferma, llaman a la escuela para buscar un sustituto y como no estaban los profesores, ni estudiantes de último año me recomendaron y participe en 6 conciertos con el Maestro Duke Ellighton. Me quería caer allí estaban grandes músicos.  Luego de eso en la escuela me ofrecieron una beca de cuatros años.  Me quede y sucede que al año y medio pasa Mongo Santamaría y le faltaba un saxofonista, estaba tocando en un club que se llamaba “El Taller del Jazz”, me llama Mongo y me invita a trabajar con él durante una semana en ese club. Eso fue a las 6 de la tarde y la primera presentación era las 9 de la  noche. Imagínate yo asustado. Se imaginaba que iba  a tocar una sola noche, pero Mongo me pidió que tocara toda la semana. Edy Martines era parte del grupo. Como era verano me fui con Mongo a NY con el compromiso de regresar a Berklee, pero no regrese. Ahora el que esta estudiando en Berklee es mi hijo Max Almario, él regreso por mi, acaba de cumplir 18 años y toca batería.

 

 

Jesús Guzmán y Justo Almario. En Barranquilla - Colombia.

 

 

Estábamos en el Yankee Stadium  como buen costeño me gusta el béisbol, siempre me acuerdo del merecumbé a Nakamura. En ese concierto con las Estrellas de Fania . De allí salio el disco Mongo S en el Yankee Stadium, también salio en una película.  

Dios es el mejor arreglista, siempre me puso con gente que eran buenas personas. Mongo me quería mucho y daba consejos. 

 

Siempre tuve grandes maestros: Juan Rafael Acosta, Peñalosa, Pello Torres en Sincelejo. Nadie se hace solo, dios te da el talento y lo mejor es que te manda las personas que te sirve de inspiración y guía. Soy hijo biológico de Justo Velásquez , a través de esa genealogía Dios me bendijo para la música. Mi papa Licho Almario, tremendo músico, una bendición divina tenerlo como padre. En esa época la única diversión era la música en vivo. La luz llegaba dos hora por la noche y el agua había que buscarla en el pozo. Licho trabajaba con la orquesta Pello torres y los diablos del ritmo. Me llevaba a los ensayos y me quedaba con la boca abierta  viéndolos tocar  y los otros niñitos me llamaban para ir a jugar a la chequita , prefería quedarme en el ensayo, tenia 4 o 5 años.  Siempre le agradezco a Dios, por esa fortuna de haber encontrado el apoyo de esos músicos. Cuando conocí a Peñalosa eso fue lo máximo en mi vida. Peña era un gran maestro, exigente, estricto, pero no tenía la paciencia para la gente que no era seria con la música. Peña me llevo a tocar a San Andrés, después de lo de Cumbia Colombia. El grupo era bajo, piano, trompeta, batería y saxofón. En esos días se le dio por tocar todo de oído y él tocaba me miraba y tenia que estar ahí. Yo temblando porque si me equivocaba me ponía la trompeta en la cabeza. Eso fue tremenda escuela y Peñaloza me trato como un hijo. Me acuerdo que lo oía decirle cosas feísimas a los músicos,  creo que tuvo compasión conmigo.   Siempre me animo y me enseñó melodías como Beguin the beguin, Adiós…. Peña tocaba la trompeta con mucho sentimiento. Era muy exigente, pero porque era un gran músico. Tocaba con un gran corazón, cuando tocaba era como si el cielo se abriera. Lastima que en el país, nunca se le dio el reconocimiento con trompetista. Fue uno de nuestros primeros jazzistas que podía improvisar como si fuera un norteamericano. Cuando conocía a Peña ya tenia como 50 años. Estoy apoyado sobre los hombros de esos maestros. Lo que estoy haciendo y lo que tengo que seguir haciendo está fundamentado en esos cimientos. Por eso le digo a los estudiantes que tienen que aprovechar la historia, investigando que hicieron nuestros grandes músicos, analizar su obra, saber que hicieron y entonces si adelantar la música que siga nunca atrasarla.

 

Pacho es uno de los grandes maestros sobre los que me apoyo. Cuando vivía en la casa del viejo Acosta, el Muñecón tocaba con Pacho y me llevaban a los ensayos. Allí me veía a todos esos maestro, ya el maestro Pacho tenia esas composiciones: Boquita Salá, Cosita Linda.. ya tenia el merecumbé. Yo encantado escuchando a esos maestros. Hizo un merecumbé donde se destacaba Alex Acosta, merecumbé en saxofón, eso era como si fuera jazz. En esa época Pacho era el numero uno aquí en B.q  El Café Almendra Tropical tenia unos afiches de publicidad en las tiendas y farmacias con Pacho tomando su pocillito de café.  Me contó Alejo que cuando fueron a Bogotá recibieron a Pacho como un rey. Recuerdo que era una persona muy callada, introvertida, no hablaba mucho,  muy de su tierra, bien humilde. Imagínate que estaban haciendo un programa de TV y se asusto cuando vio que una cámara se le acercaba. Mientras que Lucho B fue un hombre de negocios, de mucha perspicacia. 

 

Edición junio de 2007  

 

              

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