EDITORIAL 2010

 

Por Eric E. González

cueroestirao@yahoo.com

 

Todavía recuerdo la locura que se apoderó del planeta en enero 1, 2000, cuando se predijeron tantos desastres debido, entre otras cosas, a algunos aspectos importantes en nuestras vidas controlados por las computadoras. Como ya sabemos, nada lamentable aparentemente sucedió, y aquí estamos felizmente finalizando la primera década del siglo XXI. Bueno, lo de felizmente creo que mejor se lo dejo a cada uno de ustedes, queridos amigos, pues son ustedes los que deciden, en última instancia, si estos diez años han valido la pena.

 

Musicalmente, que es lo que alimenta nuestros corazones y el funcionamiento de HerenciaLatina.com, los cambios han sido dramáticos. Ahora cualquiera puede hacer música, gracias a todos los avances tecnológicos de grabación disponibles. Ya cualquiera, con una cantidad generosa de dinero, puede tener un estudio de grabación en su propia casa, y prácticamente hace lo que se le da la gana con todos los juguetes a su alcance. Puede, entre otras cosas, grabar a cada músico por separado en un mismo lugar o a través de la distancia. Puede, como ya saben, salvar la voz de cualquier carajo, y hacerlo sonar decentemente. Pero ―y siempre hay un pero― todo esto tiene un costo: las grabaciones digitales suenan demasiado bien, casi como campanitas de cristal. A veces hasta dan dolores de cabeza, debido a lo agudo que se sienten las trompetas. Esto, por supuesto, no debe ser un problema para la mayoría de los consumidores. Pero para los que seguimos de cerca nuestra música y luchamos por la preservación de su identidad, esto representa un fastidio, debido a que la excesiva depuración digital y limpieza de una grabación, le “chupa”, le succiona la vida misma, haciéndola sonar aburrida y sin alma. Y esto no debe suceder en la salsa. Nuestra música tiene vida y da vida.

 

Pero lo arriba mencionado no es todo. La mayoría de las orquestas de salsa tienen el mismo formato: dos trombones, dos trompetas, y a veces un saxo. Cámbiele usted el cantante, y tiene otra orquesta de salsa “dura”. Estos muchachos están preparados musical y académicamente y deseosos de brindar sus talentos. Pero, históricamente, parecieran que ignoran o desconocen un factor primordial del “boom” salsero de finales de los 60s y parte de los 70s: una identidad propia, un sonido que los separe del montón. Dijo una vez Rubén Blades, refiriéndose a aquellos gloriosos años, que en una noche había algo como quince orquestas tocando al mismo tiempo en la ciudad de Nueva York, y cada una sonaba diferente. Si, ya sé, no se puede vivir del pasado, etc., etc., etc. Pero en lo personal, me gustaría disfrutar de diversidad de formatos y más experimentación eso es lo que alimenta a la música y la mantiene vigente.

 

Por otro lado, está el asunto de la piratería. Es mi opinión que la piratería está aquí para quedarse, y no hay nada que se pueda hacer al respecto. Siempre se van a buscar formas de reproducir grabaciones de manera conveniente y económica. Hoy, mientras escribo esto precisamente, los defensores del controversial Wikileaks amenazaron con sabotear los portales cibernéticos de Visa y MasterCard a una hora precisa, y sin que nadie pudiera hacer un pepino al respecto. Y así lo hicieron. Con esto quiero decir que siempre va a haber formas de saltar obstáculos en la presente tecnología. Las corporaciones, los políticos corruptos, el complejo militar-industrial, y la prensa incompetente y vendida fuerzan a seres humanos desesperados a volverse creativos y crear la muy bienvenida resistencia.

 

Basado en lo expuesto anteriormente, creo que la piratería tiene sus lados positivos y negativos, con los positivos teniendo más peso. En el lado negativo, este fenómeno afecta a los nuevos artistas que luchan contra todos los elementos para sacar su CD al mercado, y de esa manera realizar su sueño. Y me parece que en la salsa, los músicos ya deben saber que no se van a hacer ricos si sus producciones son independientes; sólo los apadrinados por una multinacional hacen su pequeña fortuna, y ya sabemos quiénes son. Si no lo saben, fíjense quiénes son nominados o ganan los Grammy año tras año. Dios, ¿hasta cuando va a continuar ese relajo, esa falta de respeto al público y al verdadero talento? Así, pues, los que no tienen su padrino se tienen que tristemente conformar con recolectar la inversión y un poquito más. Estos son los afectados por la piratería actual, pues si su producto se piratea antes o durante la salida de su CD, estos artistas tienen gran probabilidad de perder mucho dinero.

 

Pero el problema es mucho más profundo que sacar un CD al mercado y ser pirateado. Tiene que ver también con la economía de nuestros países y la disponibilidad de algunas producciones en ciertos países. El CD, para empezar, salió al mercado mundial con un precio arrogante, comparado con su precio de producción. Eso, de salida, mató la capacidad de personas amantes de la música ―la salsa, en este caso― de recursos económicos limitados de comprar los compactos. El CD debió se más barato que el LP, y estúpidamente no fue así. Y esa situación no ha mejorado. Un artista salsero no debe poner sus sueños en America Latina, al menos que sea distribuido por una multinacional, y, lamentablemente, las mejores producciones de salsa son de artistas independientes, con distribución limitada. Esto significa que en Panamá, por ejemplo, esos CDs no se consiguen fácilmente. Y, cuando se pueden adquirir, sólo están disponibles en una sola tienda que los vende a precios exorbitantes, donde sólo las personas con dinero o aquellos que están dispuestos a sacrificar su almuerzo de una semana o la comida de sus hijos compran los compactos. Desde luego, esos precios excesivos son justificados, pues importar esos productos es relativamente caro, y nadie va a garantizar su venta. Entonces, ¿qué solución tiene un panameño de ingreso bajo que realmente quiere escuchar buena música? Piratear, mi gente, piratear. Creo que la mejor posibilidad de un artista de recobrar parte de su inversión es en los países donde los salarios, como en Estados Unidos y Europa, son altos. Y es en estos países, irónicamente, donde se están realizando algunas las mejores producciones independientes. Lo mismo sucede con Colombia, Venezuela, Cuba y Perú, donde también se están produciendo buenos trabajos. Pero pregúntele a un panameño dónde puede comprar CDs de Truco y Zaperoko, La 33, La Excelencia, o Son de Tikizia. Estoy seguro que este problema también se da en otros países latinoamericanos.

 

Pero la piratería también tiene su lado positivo, especialmente en términos de largo plazo. Para eso me voy a remitir al cine, el cual cambió radicalmente con la aparición del VHS y Betamax. Como casi todos sabemos, ambos formatos para ver películas en casa tuvieron una competencia en el mercado, siendo ganador el VHS sobre el Betamax. Esto fue el resultado de movidas corporativas políticas, sin que el VHS fuera necesariamente mejor que el Betamax. Así que por un tiempo pudimos ver películas de todo tipo en VHS. Al VHS lo reemplazó el DVD, aunque hubo uno que otros formatos que aparecieron aquí y allá, pero no dieron bola en ningún momento. Al DVD poco a poco lo está reemplazando el Blu-ray, que compitió con el HD DVD, siendo el primero el favorecido por las mismas pugnas guiadas por estudios de cines y corporaciones de productos electrónicos que favorecieron el VHS sobre el Betamax.  Pero creo que el DVD va a durar más tiempo, debido a que no todo el mundo va a poder comprar o perder su tiempo en cambiar de aparatos reproductores de DVD por Blu-ray. La gente eventualmente se cansa de tantos juego con sus bolsillos.

 

Pregunta: ¿Qué tiene de importante lo que mencioné en el párrafo anterior?  Respuesta: La pérdida de patrimonio cultural, señoras y señores. Muchas de las películas que vieron vida en formato VHS ―en este caso las latinoamericanas― nunca fueron reproducidas en el formato de DVD.  Igualmente, muchas de las películas reproducidas en DVD, no verán la luz en el formato Blu-ray. Esto significa, en pocas palabras, que a medida que avanza la tecnología, desaparecen más y más películas de nuestro patrimonio histórico y cultural. Lo mismo sucede con la industria de la música. Muchas producciones que originalmente salieron en acetato, cassette, 8Track u otros formatos, nunca conocieron  el formato actual de CD. Y, como sabemos, el CD está muriendo una muerte lenta y angustiosa, producto de la piratería, downloads, iTunes, y tantos otros medios cibernéticos disponibles. El efecto final para todos los que amamos nuestra cultura, es que muchas de las joyas musicales que originalmente salieron en LPs, y nunca conocieron vida en otros formatos, son especies en peligro de extinción. Y créame que son muchísimas ―los que coleccionamos LPs estamos bien al tanto de eso..  Por eso, al igual que algunos videos VHS, estos LPs no deben ser desechados a lo loco. Conozco de muchas esposas ―lo siento, todavía no he conocido ningún esposo― que no gustan de tanta “basura” en casa,  y les tiran los LPs a sus maridos en la basura. Esto también se da cuando muere algún familiar, y hay que deshacerse de sus pertenencias “sin valor”. Una vez me dijeron de un locutor famoso en Venezuela, el cual después de fallecer, su esposa puso todos sus LPs afuera de su casa, contra un muro, para el que quisiera se los llevara. ¡Imagínense los tesoros que algunos suertudos rescataron! Para no cansarlos más, sólo les pido que reflexionen sobre este asunto. Luchen para que se creen archivos sonoros en sus universidades o bibliotecas, donde sean bien cuidados y catalogados, sobretodo si es música folklórica de su tierra.

 

En esta edición que cierra el 2010, rendimos tributo a Joe Quijano, cantante que ha dejado una gran huella en la historia de la salsa, pero que lamentablemente no ha recibido el merecido reconocimiento. Pueden leer sobre parte del legado de este gran artista en importantísimos artículos escritos por Jairo Grijalba Ruiz y el ya desaparecido, pero siempre recordado Max Salazar.

 

 Muchas gracias a todos los amigos que contribuyeron con sus escritos para que Herencia Latina siguiera con vida. Valoramos el tiempo que se tomaron en escribir todo ese material de manera gratuita para nuestros lectores. Venga, pues, nuestro más sincero agradecimiento a nuestros colaboradores: Javier A. Domínguez (Carolina del Norte), Luis A. García (Nueva York), Roberto Cedeño (Panamá), Raúl Quevedo (Argentina), Alfredo Churrión (Venezuela), Andrés Campo (Colombia), Ewin Martínez Torre (Puerto Rico), Alejandro Ulloa (Colombia), Evelyn Razt (Alemania), Paola Matheisen (Alemania), Juan Carlos José (Colombia), Umberto Valverde (Colombia), Cesar Pagano (Colombia), Efrén Jiménez (Puerto Rico), Angel Quintero (Puerto Rico) y Carlos Velázquez (L.A).  También quiero darle, de parte del staff de Herencia Latina, la bienvenida a Antonio Sabournin. Tony se ha unido al personal de nuestra revista cibernética en un tiempo muy oportuno, y su experiencia como escritor para revista Latin New York, y como ejecutivo de varias empresas discográficas, va a ser de gran valor para todos nosotros.

 

Personalmente, mi gratitud enorme a Israel Sánchez-Coll, el “Editor de Editores”, quien no falla una, y siempre está atento que Herencia Latina sea publicada con precisión suiza varias veces al año. Ojala yo tuviera la energía y determinación que Isra tiene – el hombre es irremplazable. Recen, estimados amigos, para que Dios siempre lo tenga saludable y dispuesto.

 

No puedo cerrar este editorial de fin de año sin darle las gracias a todos ustedes, queridos lectores y amigos familia, para ser más sincero, pues son ustedes los que nos siguen motivando en esta vaina. Sus emails, sus comentarios y sugerencias, en fin, su apoyo en general, es amor puro y bendito. Es una cosa divina estimarlos, sin conocerlos personalmente.

 

Son los mejores deseos de todos nosotros en Herencia Latina que pasen unas navidades llenas de amor y salsa junto a sus seres queridos. Ojala que el 2011 esté cargado de bendiciones para todos ustedes y los suyos. Y que la salsa no falte en su hogar.

 

Abrazo fraternal desde el frío y jodido norte, en los tiempos de Sarah Palin y demás pendejos.

 

Eric

Los Ángeles, California

 

Diciembre, 2010

 

 

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